Hace un tiempo, un buen amigo me contó emocionado que quería darle un giro a su vida. Llevaba años sintiéndose atrapado en la rutina. Quería más libertad, viajar con frecuencia y tener control sobre su tiempo.
—Estoy pensando en montar un bar —me dijo, con una mezcla de ilusión y convicción.
Lo conozco bien y sé lo mucho que valora la flexibilidad y moverse sin demasiadas ataduras. Así que le pregunté:
—Suena interesante. Pero ¿cómo te imaginas tu día a día con un bar?
Se quedó en silencio unos segundos. Luego soltó una risa nerviosa:
—Bueno… supongo que no lo había pensado así.
La idea no era mala. Un proyecto propio, decisiones propias, dejar de trabajar para otras personas. Pero, antes de buscar un local, había una pregunta que merecía espacio:
¿Cómo sería tu vida cotidiana si eligieras ese camino?
Quizá un negocio así podría organizarse de una forma compatible con lo que buscaba. O quizá supondría horarios, responsabilidades y una disponibilidad muy distintos de los que imaginaba. A veces tenemos claro qué queremos cambiar, pero todavía no hemos comprobado si el camino elegido nos acerca a ello.
Lo que deseas, la meta que eliges y lo que valoras
Cuando pensamos en un cambio, es fácil mezclar tres cuestiones relacionadas:
- El deseo: lo que te gustaría vivir o experimentar.
- La meta: el resultado concreto que te propones alcanzar.
- Los valores: lo que consideras importante y quieres tener en cuenta al actuar.
En el caso de mi amigo, el deseo era más libertad; la meta, abrir un negocio; y entre sus valores estaban la autonomía, el aprendizaje y el tiempo con las personas que quiere.
Esa meta podía favorecer algunos de esos valores y dificultar otros. Para saberlo hay que explorar qué implica llevarla a la práctica.
Los deseos también merecen atención: algunos son pasajeros y otros te acompañan durante años. Y tus valores, aunque suelen ofrecer cierta continuidad, cambian de prioridad según tu momento vital.
La cuestión es comprender qué buscas y si esta opción tiene posibilidades reales de acercarte a ello.
Por qué importa preguntarte para qué quieres algo
La teoría de la autodeterminación, desarrollada por Edward Deci y Richard Ryan, distingue diferentes formas de motivación. Algunas acciones nacen del interés o el disfrute de la propia actividad. Otras las realizamos porque reconocemos su importancia, aunque no nos resulten especialmente agradables.
Puedes disfrutar aprendiendo un idioma y, al mismo tiempo, hacer una gestión aburrida porque contribuye a un proyecto que valoras. Ambas conductas responden a motivos que haces tuyos.
Esta investigación ayuda a comprender la diferencia entre actuar con una sensación de elección y hacerlo principalmente por presión, para obtener aprobación o evitar culpa. En la práctica, los motivos se mezclan; explorarlos te ayuda a decidir con más claridad.
Ante una meta importante, pregúntate:
¿Qué espero que cambie en mi vida si consigo esto?
Después, concreta. Si la respuesta es «tener más libertad», ¿qué significa para ti? ¿Elegir horarios? ¿Disponer de más tiempo? ¿Tener mayor autonomía económica? ¿Decidir cómo trabajas?
Cuanto mejor entiendas lo que buscas, más alternativas podrás valorar.
Tus valores también tienen una historia
Muchas cosas que te importan se han formado en relación con tu familia, tu entorno y tus experiencias. Eso no las hace menos tuyas.
Puede que hayas crecido valorando la estabilidad y hoy sigas considerándola fundamental. O que descubras que estás dedicando mucho esfuerzo a una idea de éxito que ya no quieres priorizar, a veces tomada de lo que ves a tu alrededor. (Sobre esto escribí en cómo dejar de compararte con los demás.)
Revisar los valores te permite decidir qué sigues respaldando, qué necesita otra forma de expresión y qué ha perdido importancia. Algunas preguntas útiles:
- ¿Qué quiero conservar de lo que he aprendido?
- ¿Qué estoy sosteniendo principalmente por miedo a decepcionar?
- ¿Qué merece más espacio en mi vida actual?
- ¿Qué ha cambiado en mis circunstancias o prioridades?
No necesitas respuestas definitivas. Empieza por una decisión concreta que tengas delante.
Cuando dos cosas importantes entran en tensión
Puedes valorar la seguridad económica y querer explorar una profesión nueva. Desear más autonomía y disfrutar del trabajo en equipo. Querer cuidar a otras personas y necesitar tiempo propio.
La investigación de Shalom Schwartz describe relaciones de compatibilidad y conflicto entre valores. Por eso algunas decisiones resultan difíciles: varias cosas importantes piden recursos que ahora son limitados.
A veces tendrás que priorizar. Otras podrás combinar opciones o avanzar por etapas: mantener una fuente de ingresos mientras pruebas una actividad, repartir responsabilidades o revisar un compromiso durante un tiempo limitado.
Una elección puede atender suficientemente lo que valoras sin resolver todas las tensiones.
La coherencia también tiene límites. Las necesidades económicas, la salud, los cuidados o las oportunidades disponibles condicionan las opciones. Comprenderlo evita convertir una decisión difícil en un reproche personal.
La incomodidad aporta información, pero necesita contexto
A veces una decisión genera malestar porque entra en conflicto con algo importante para ti. Otras veces cuesta porque implica incertidumbre, aprendizaje, esfuerzo o una renuncia.
Sentir miedo al cambiar de trabajo no demuestra que sea una mala decisión. Y sentir entusiasmo al imaginar un negocio no garantiza que su funcionamiento cotidiano encaje contigo.
Por eso merece la pena mirar las emociones junto con otros datos:
¿Qué me preocupa exactamente? ¿Qué información tengo? ¿Qué estoy suponiendo? ¿Qué necesitaría comprobar?
Puedes escuchar lo que sientes sin exigirle que resuelva por sí solo la decisión.
Cómo traducir lo que valoras en una elección concreta
La terapia de aceptación y compromiso utiliza la clarificación de valores para orientar la acción. Desde este enfoque, los valores ofrecen una dirección que se expresa mediante conductas concretas, sin un punto en el que queden completados para siempre.
Valorar el aprendizaje, por ejemplo, puede llevarte a hacer una formación, pedir orientación o practicar una habilidad. La opción adecuada dependerá de lo que necesites y de tus posibilidades actuales. Para pasar de la reflexión a una decisión, sigue estos pasos.
1. Define qué estás buscando
Completa esta frase: «Quiero conseguir… porque espero que me permita…»
Concreta el efecto en tu vida. «Quiero cambiar de trabajo para tener dos tardes libres» ofrece más información que «quiero estar mejor». Elige también dos o tres valores que quieras tener en cuenta en esta decisión.
2. Imagina una semana habitual
Piensa en los horarios, las tareas, los ingresos, los desplazamientos y las responsabilidades que implicaría esa opción. Incluye las partes atractivas y las difíciles. ¿Qué tendrías que hacer cuando pasara la novedad? ¿Qué espacio quedaría para otras cosas importantes?
3. Busca información que pueda corregir tus expectativas
Habla con personas que conozcan esa realidad, consulta condiciones y calcula costes de tiempo, dinero y energía. Pregunta también por los problemas habituales y los recursos necesarios para afrontarlos.
En el caso del bar, conocer el trabajo diario, los horarios y las posibilidades de delegar habría ayudado a valorar si esa vía podía ofrecer la autonomía que mi amigo buscaba.
4. Considera más de una alternativa
Si tu objetivo es tener más control sobre tu tiempo, hay varias opciones posibles: negociar condiciones, cambiar de puesto, emprender de otra manera o reducir determinados compromisos. Compararlas amplía tu margen de elección.
5. Prueba algo pequeño cuando sea posible
Una experiencia breve aporta información que cuesta obtener solo pensando: una colaboración, un curso de introducción, hablar con posibles clientes o ensayar un cambio de horario. Define qué quieres aprender con esa prueba y cuándo revisarás lo ocurrido.
Elegir también incluye revisar
Puedes tomar una decisión bien informada y descubrir después que necesita ajustes. Tus circunstancias cambian, y la experiencia te muestra aspectos que no habías previsto. Revisar una meta forma parte de elegir con atención.
Si tienes una decisión pendiente, reserva un rato y responde por escrito:
- ¿Qué espero conseguir con esta decisión y cómo me gustaría que afectara a mi día a día?
- ¿Qué información me falta y cómo puedo obtenerla?
- ¿Cuál es el siguiente paso posible? Actuar, investigar, pedir apoyo o aplazar la decisión hasta una fecha concreta.
Y si ya llevas tiempo persiguiendo un objetivo, pregúntate: ¿sigue teniendo sentido para mí, dadas mis prioridades y mi situación actual? Si la respuesta es sí, quizá necesites ajustar el camino. Si tienes dudas, investiga. Y si ha dejado de encajar, también puedes elegir otra cosa.
En las Sesiones Brújula podemos trabajar esta revisión: comprender qué buscas, qué está influyendo en tus decisiones y qué pasos son viables en tu contexto.
Más información sobre las Sesiones Brújula →
¿Qué decisión te gustaría mirar con más calma? ¿Qué necesitarías saber para dar el siguiente paso?
Referencias
Ryan, R. M. y Deci, E. L. (2000). Intrinsic and extrinsic motivations: Classic definitions and new directions. Contemporary Educational Psychology, 25(1), 54–67. https://doi.org/10.1006/ceps.1999.1020
Schwartz, S. H. (2012). An overview of the Schwartz theory of basic values. Online Readings in Psychology and Culture, 2(1). https://doi.org/10.9707/2307-0919.1116
Association for Contextual Behavioral Science. The six core processes of ACT. https://contextualscience.org/six_core_processes_act